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10/10/2009 El presente, realizando viejas percepciones.“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”, dice la canción. En mi caso regreso recordando…o realizando algo que tiene que ver con viejos sitios emotivos y vivenciales, más que geográficos.
La figura que admiré de chico (luego de la muerte de mi padre), fue un primo, el ya un hombre, y yo con unos doce años. Estuvimos muy en contacto hasta mis catorce o quince, suficiente para tener un “referente” de masculinidad. Me quedaron grabadas actitudes ante la vida, hoy noto cuanta huella han dejado en mí, sea por haber hecho casi siempre lo contrario a él…o por haber tenido esas actitudes como las más auténticas formas de vivir. Nunca estudió mas allá de lo básico…simplemente no le gustaba, ni tenía ganas. No le interesó esforzarse por ser un profesional universitario, o especializarse en algo que diera “buena imagen” social en aquel tiempo. Lo suyo, desde muy joven fueron las motocicletas…si, las carreras de motos (creo que nunca ganó una, si recuerdo sus historias de golpes, rodadas y moretones). Preparaba sus propias máquinas para correr, y al mismo tiempo aprendió el oficio de mecánico de motos. Para mí era una aventura pasar a visitarlo por su taller, a la salida del colegio. Siempre con las manos engrasadas, cantando, silbando, contando cuentos…y saliendo a la puerta a decir piropos a las chicas. Tuvo una buena casa, una esposa linda y con cierto refinamiento…pero, a ella le disgustaba el trabajo del marido, y que siempre estuviera con las manos teñidas por la grasa, y que ensuciara mucha ropa. A los pocos años, el dejó todo eso: esposa, casa linda…y se “juntó” (era malísimo en aquel tiempo estar separado y “juntado”…no existía la ley de Divorcio) con una mujer de barrio, simple, muy sensual, y nada refinada en el vestir ni el hablar. Tengo “marcada” esa atmósfera seductora que se percibía en su casita. Sí una casita realmente humilde, esas “prefabricadas” de madera. Para mis percepción de chico de clase media…uf! todo eso era impactante…casi siempre había música sonando fuerte, risas, y juegos entre un hombre simple y muy masculino, y una mujer simple…y muy femenina. Además…había un atractivo extra…hermoso! Diana y Fox. Sí, no olvido los nombres, ni a los perros. El amaba esos perros, y después de almuerzo, se cruzaba (o nos cruzábamos) al terreno y pastizal enfrente de su casa, allí eran los juegos con los ovejeros. En general era muy simple…y nos divertía mucho…el tomaba una piedrita del suelo, la escupía (para que sintieran su olor), y la arrojaba muyyyy lejos, entre altos matorrales. Los perros desaparecían un buen rato, compitiendo por ser el primero en encontrar la piedra…e infaliblemente regresaba uno de ellos con el pequeño proyectil en la boca…un prodigio olfativo que nos maravillaba. Después de mi adolescencia los rumbos se alejaron…ellos siguieron su vida simple, y yo… muchos caminos, búsquedas; también la época en que vestí traje y corbata, y fui un funcionario. Por cierto, tuve y tengo afinidad por el trabajo intelectual, y el no la tuvo, pero creo que no fue eso lo que nos distanció…o yo perdí espontaneidad, o el no pudo aceptarme diferente. Si hay algo que no dejo de agradecer a…no sé como llamarlo…es que pudiéramos cerrar el círculo. Me acerqué a la clínica el día de la operación, superando el distanciamiento de años, y sin saber como me recibiría. Fue como si nunca hubiéramos dejado de vernos (el ya con más de 65 años, yo un hombre). Como siempre, en la charla hubo risas, picardía (habló de tocar a las enfermeras…lo de toda su vida). Todos sabíamos que la cosa venía muy difícil, diabetes, tabaquismo, complicaciones…una posible amputación. Los que estábamos allí sabíamos que no soportaría vivir sin una pierna. Un rato antes que lo lleven al quirófano me acerqué a decirle que regresaba luego de la operación; por primera vez me aceptó un beso (de chico me retaba y me obligaba a dar la mano “los hombres no se besan, ni entre parientes”, me decía)…allí me dijo : “Rodolfito, creo que de esta no salgo”… no intenté palabras…recuerdo que desde la puerta le dije “chau primo”, salió así. Un chau no adiós, ni hasta luego, es como una despedida liviana, que habla de afecto. … Por qué escribo esto; por qué lo recordé de pronto…y tan intensamente…lo tengo claro…abajo, en mi cocina…está durmiendo Mara, 39 días de vida (la tengo desde anoche)…y afuera, en el patio…ladra Rex, de 3 años. (Y ESTA ENTRADA SUPUESTAMENTE ERA PARA HABLAR DE ESE TEMA, DE LOS PERROS)
Ahora que miro…también mi casa actual es de madera…más sofisticada que aquella llena de…no sé que, de vida auténtica, con magia para adentro, y no fulgores para la vidriera.
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