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9/24/2009 LAS PUERTITAS del Sr Rod
En tiempos de la dictadura militar en Argentina, se editaba una revista…“Humor”, que hacía resistencia a los genocidas con notas y tiras cómicas muy inteligentes. Una de sus tiras se denominaba “Las puertitas del Sr. López”. Era un simple empleado público, que ante las cosas insoportables, tenía una vía de escape genial…unas puertas imaginarias (en su casa, la oficina…) por las cuales se trasladaba a otro lugar, a un sitio agradable…y lo pasaba muy bien. El salía del lugar conflictivo, y no estaba…aunque los demás lo vieran físicamente…y por supuesto, no veían sus “puertitas”
Creo que todos, o casi todos, tenemos esas puertas, o ventanas…como esta pantalla, por donde nos asomamos a un mundo cordial, expresivo, afectuoso, con colores, imágenes y música. Casi siempre encontramos gente predispuesta a entregar o recibir las expresiones del otro de un modo amable y comprensivo. Dije “casi siempre”; ni las “Windows” pueden disipar totalmente algunas patéticas miserabilidades.
Desde niño tuve la necesidad de, imaginar, fantasear y salirme de momentos dolorosos. Recuerdo cuando murió mi viejo…el dolor y la decepción de niño ante una realidad inaceptable. De pronto me llevaron a la casa de unos primos, que me prestaron un rifle de aire comprimido…y jugué…jugué mientras velaban a mi padre. Había abierto una puertita de escape.
A poco tiempo, ya en el colegio secundario, leí en un libro de biología: “nacemos prometidos a la muerte”, diría que poética la síntesis del biólogo, pero…no me gustó, me golpeó duro. Me dejó buscando sentidos.
Con el tiempo me las ingenié para encontrarle a la vida puertas interesantes, diversas, casi heroicas para mi talla humana. Pasadizos a lugares…románticos, si, esos donde uno se apasiona por lo que hace y lo que hace es lo que importa, y uno se siente integrado con su propio hacer. Fui abriendo puertas que inventé, o busqué, no de fantasía…reales. Puertas de aviones, de aulas, de artes marciales, de tribunas, de micrófonos…de amores y amoríos.
Llegó un momento en mi vida en que se abrió una gran puerta negra…un abismo, y cuanto más intentaba salir, más oscuro era el recinto. Cuando dejé de buscar a tientas, y pedí ayuda…cuando dejé de negar al oscuro lugar, y me ayudaron a buscarle sentido…comenzaron a filtrarse rayos de luz, luego se abrieron rendijas. Ya andando de nuevo por la vida tuve que aceptar que hay muchos picaportes hacia puertas negras…unos que te ponen en el camino, otros que siempre estarán, y los que uno abre en forma autodestructiva.
Hoy sigo andando, y encontré una novedad…no solo hay puertas luminosas y románticas, o negras y paralizantes; a veces hay modos de hacerlas grises, combinarlas…y que dejen nuevamente una rendija…esta vez más visible, tal vez por experiencia de buscarla, y meterse por ella, y agrandarla y comenzar a meterle seducción y humor, y risa. Sí dije seducción, y humor, y risas. Es que llegué a descubrir, desde hace unos años, que hay personas que tienen llaves... para abrir puertas que todavía no abrí. Después de tanto inventar en soledad el motivo de cada día, aprendí también de otros y a desaprender de lo mío.
He conocido gente sorprendente y maravillosa, que antes no conocí por que no les abría la puerta de mi ser…claro, antes tenía que ser yo el creador de todas las salidas. Hay personas que me dicen: “cuando se presente el monstruo no lo acunes, no lo hagas crecer…suéltalo…deja espacios libres en tu ser”. “No trates de ser el eje de la rueda de bicicleta, confórmate con ser un radial; que forma parte de un todo, pero no es todo” Encontré amigos y amigas para escuchar con atención y que me digan “No te des tanta bola Rodolfo…hacela simple”
Y esa gente tiene algo en común han: estado en la trinchera, en la primera fila del combate…y no se regodean en mostrar las heridas, pero tampoco quieren taparlas como si no existieran. Esa gente, que aprendí a querer y no olvidar, parece decir…aquí estoy, parado sobre esta historia, pero aún sobre escombros, y con los escombros, se puede construir.
Y esas personas tienen una particularidad: no ríen todo el tiempo, ni de todo, tontamente…como si nada ocurriera, o hubiera ocurrido, no ríen con la inocencia de un niño o de alguien que todavía no se golpeó. Ríen como una actitud…como una de las puertitas, que de vez en cuando abre el Sr. Rod.
Ese último párrafo me lo enseñó hace muy poco tiempo una persona genial, que anda por allí…abriéndole una puerta grande a su vida. Comments (13)
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